PROYECTO NO (2008) Plaza España. Ciudad de Córdoba. Argentina.
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-¿Quiere o no dejarme?
Le pregunto esta vez súbitamente enardecido, avanzando hasta ponerse junto a el.
-Preferiría no dejarlo.
Replico acentuando suavemente el no.
Barthleby.


El concepto elegido se refiere al NO.

Los NO que coartaron nuestros proyectos. NO como alambrado constante. Aquellos que se imprimieron en nuestra memoria para construir un mundo de constantes modelos de lo imposible, de los que negaron nuestra identidad, los que sirvieron para coartar las libertades, los que nutrieron nuestra resistencia.

Desde el escenario de la calle propongo un territorio de dialogo entre el espacio publico, el publico y el artista.

En el dominio de la ciudad, el artista esta emplazado a provocar interacciones entre sus propuestas y el publico es parte determinante de la experiencia espacial haciendolo parte de la obra y se reconoce en la misión de proporcionar la oportunidad de una experiencia colectiva.

Ya en el espacio privado, los neones blancos sostienen las cinco maneras de negar. Jamas, nunca, no, nada, tampoco.

El cuerpo como territorio de significación.

......En un acercamiento de dilettante, en el arte pareciera hacerse cada vez más necesaria una operación sobre el cuerpo. Accionar sobre él para hacerlo decir algo que ya no dice, violentarlo cada vez más, como quien estruja un trapo que ya ha arrojado casi todo el líquido y que sólo a través de torsiones extremas exudará con suerte algunas gotas de sentido… (M. Horenstein)

Los textos tatuados se convierten en una segunda piel, que se dibuja sobre las formas en un ritmo alienado de repetición. La tinta se convierte en surco. El surco construye la huella, La huella dibuja las cicatrices indelebles de mi propio ser. El tatuaje utilizado por antiguas civilizaciones, se inscribe en el siglo veinte para identificar grupos determinados. En las cárceles, la practica del tatuaje pone al descubierto un submundo de significados ocultos, ya sea como señal de rebeldía o como símbolo de pactos entre logias carcelarias. Los nazis, en sus campos de exterminio, tatuaban a los prisioneros con un doble significado: identificación y humillación, porque la ley judía prohibía las marcas en el cuerpo. Lo escrito en el cuerpo habla de un proceso lento y doloroso. Un tatuaje es una herida punzante en las capas profundas de la piel. Y en las capas profundas de mi memoria quedaron alojados todos aquellos MUROS que me marcaron para siempre.

Dolores Caceres.
Proyecto NO.
Plaza España.
Ciudad de Córdoba
2008